12 de Febrero de 2014

Llamas

Posted by Paranoid en Sesiones (con Gordon Geco) | 23:47

“Agarras unas cuantas ramas de sarmientos. De estos. Y los partes en dos. Así. Ahora colocas cuatro piñas de dos en dos y los sarmientos, encima. Las piñas arden bien, esta variedad contiene mucha resina. Vale, ahora coges un cartón y lo pones un poco por debajo. Y luego, dos o tres leños. No hace falta que sean muy gordos. Así sirven. Entonces enrollas un papel, lo enciendes y prendes desde abajo. Ya está. Ahora nada, paciencia. Y si te sientas en la silla vieja, esa que recogí ayer de la calle, no te acerques demasiado que se quema con facilidad. Y tú, encima…”.

Y la llama, las llamas, se desperezan. Primero lo hacen con vergüenza, miran a su alrededor, sospechan. Pero pasan dos suspiros y ya se creen dueñas del lugar, de esa antigua cuadra reacondicionada para parecer un cobertizo repleto de cacharros, sin orden, sin ambiciones. Con todo el encanto.

Hipnotizan. Ellas se mueven sin descanso, el tiempo se frena sin remisión. Bailan, se transforman, se contornean y parece que hablan. Metamorfosis. Entre ellas, la calma se abre paso. Y llega para quedarse. Y es instantáneo.

La ciudad ya no existe, el asfalto, una quimera, el silencio, una constante salpicada por los “te vi” del mirlo vigilante. Algo flota en el ambiente. Somos nosotros. Viajamos senda a senda, tierra a tierra, en un nirvana natural irrompible, insustituible. Interminable. El camino de baldosas amarillas es un túnel transportador. Sus seudópodos nos atrapan, practicamos la resistencia pasiva. ¿Quién lucharía? Verde, gris, marrón, infinitos tonos copados por el azul cerúleo o el límpido negro jaspeado de millones de pecas. No observamos obstáculo entre ellas y nosotros. Ni entre nosotros y el gélido aire nocturno. Ni entre nosotros y el calor humano encerrado entre kilos de fibras. Frío y conversaciones de bar. Recuerdos polvorientos y deambulaciones entre lápidas. Sopas de tomate y ella, su espíritu, su casa ausente, ahora, de buena parte de su significado. Orfandad en una tierra que, me gusta pensar, ahora comparto con Lalau.

Ascuas. Las llamas no han sobrevivido a sí mismas. Su baile se convirtió en vaivén, el vaivén en titubeo y el titubeo dio paso a una vacilación que apuntaba hacia una muerte temblorosa. Brasas, cuyo latido rojizo se perderá en la noche.

Paranoid escucha Cowboys, de Portishead

Una respuesta a ' Llamas '

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  1. el 3 de Julio de 2014 a las 7:42

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    Paranoid

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