26 de Febrero de 2014

Pretérito perfecto

Posted by Paranoid en Miscelánea | 23:54

Anhelar el pasado cómo vía de escape. Observar el retrovisor en busca de esperanzas para avanzar, salvar el atolladero en el que a veces se torna el mundo.

Escucho Bigott. Suena God is Gay a través de un altavoz latoso instalado en una máquina en plena senectud. Viajo. Cádiz nunca estuvo tan cerca.

Un tipo desconocido aparece en el escenario que ha engullido un baluarte de la ciudad. Hay referencias, nos hemos topado casualmente con dos jóvenes, amigas de Donmazinger, que nos cuentan maravillas del aragonés. Nuestras ganas, su entusiasmo y la cerveza se alían para completar la barra verde de la expectación.

Un tipo desconocido se mueve sobre el escenario (engullido, ¿lo he dicho ya?, por un baluarte de la ciudad). No es danza, no es baile, no es seguir el ritmo. Parece un estertor, pero desarrollado por un auténtico especialista en estertores. El mejor en vida, diría, con la única competencia de Thom Yorke en Lotus Flower.

Suena una docena de temas. Bigott pervierte nuestras constantes artísticas. Se cuela en nuestro interior, nos invade y, para ello, se ayuda de una banda espectacular. Quién diría que ese batería iba a ser tan bueno. Quién hubiera pensado que Paco Loco pondría en pie a cada una de mis neuronas. Hablo con él. Hablo, él apenas contesta protegido por su timidez y sus gruesas gafas.

Nos vamos. Lalau y yo tenemos grandes planes para los días siguientes: camping en Zahora, pueblos, playas, relax, paz, calma, tranquilidad… Ni siquiera otra banda, la de los gallos, acaba con nuestro objetivo. Y ponen mucho de su parte. Los días transcurren. Es la mejor manera de definirlo. El tiempo fluye sin darse importancia. Le dejamos hacer. No nos preocupa porque allí nada es real. Tampoco él, con sus andares chulescos de cuarta dimensión. Nada se interpone entre nosotros y las dunas, nosotros y la brisa, nosotros y los mojitos frente a un Atlántico que ronronea, juguetea y nos adora…

…despierto. Una mirada me basta para comprender. El anhelo se ha esfumado, aquí el tiempo ordena y nos marca el ritmo, galeotes. Da la impresión de que la nave jamás tocará puerto.

Paranoid escucha Bigott

12 de Febrero de 2014

Llamas

Posted by Paranoid en Sesiones (con Gordon Geco) | 23:47

“Agarras unas cuantas ramas de sarmientos. De estos. Y los partes en dos. Así. Ahora colocas cuatro piñas de dos en dos y los sarmientos, encima. Las piñas arden bien, esta variedad contiene mucha resina. Vale, ahora coges un cartón y lo pones un poco por debajo. Y luego, dos o tres leños. No hace falta que sean muy gordos. Así sirven. Entonces enrollas un papel, lo enciendes y prendes desde abajo. Ya está. Ahora nada, paciencia. Y si te sientas en la silla vieja, esa que recogí ayer de la calle, no te acerques demasiado que se quema con facilidad. Y tú, encima…”.

Y la llama, las llamas, se desperezan. Primero lo hacen con vergüenza, miran a su alrededor, sospechan. Pero pasan dos suspiros y ya se creen dueñas del lugar, de esa antigua cuadra reacondicionada para parecer un cobertizo repleto de cacharros, sin orden, sin ambiciones. Con todo el encanto.

Hipnotizan. Ellas se mueven sin descanso, el tiempo se frena sin remisión. Bailan, se transforman, se contornean y parece que hablan. Metamorfosis. Entre ellas, la calma se abre paso. Y llega para quedarse. Y es instantáneo.

La ciudad ya no existe, el asfalto, una quimera, el silencio, una constante salpicada por los “te vi” del mirlo vigilante. Algo flota en el ambiente. Somos nosotros. Viajamos senda a senda, tierra a tierra, en un nirvana natural irrompible, insustituible. Interminable. El camino de baldosas amarillas es un túnel transportador. Sus seudópodos nos atrapan, practicamos la resistencia pasiva. ¿Quién lucharía? Verde, gris, marrón, infinitos tonos copados por el azul cerúleo o el límpido negro jaspeado de millones de pecas. No observamos obstáculo entre ellas y nosotros. Ni entre nosotros y el gélido aire nocturno. Ni entre nosotros y el calor humano encerrado entre kilos de fibras. Frío y conversaciones de bar. Recuerdos polvorientos y deambulaciones entre lápidas. Sopas de tomate y ella, su espíritu, su casa ausente, ahora, de buena parte de su significado. Orfandad en una tierra que, me gusta pensar, ahora comparto con Lalau.

Ascuas. Las llamas no han sobrevivido a sí mismas. Su baile se convirtió en vaivén, el vaivén en titubeo y el titubeo dio paso a una vacilación que apuntaba hacia una muerte temblorosa. Brasas, cuyo latido rojizo se perderá en la noche.

Paranoid escucha Cowboys, de Portishead