27 de Agosto de 2013

De accidentes geográficos

Posted by Paranoid en Sesiones (con Gordon Geco) | 23:27

Se da en mi una fijación extraña. Aunque decir “una” quizá suene a optimista, puede que sean cientos. Pero una, en particular, ha renacido con fuerza durante estas vacaciones: la atracción producida por los accidentes geográficos significativos. Y ocurre especialmente con los cabos. Ahí lo tenéis, digno de psicólogo o reinicio en frío (y esto no creo que lo solucione, son ya muchos años).

Sigo un orden cronológico inverso. El último episodio, cabo de Creus, en Girona. Como si de un buen guión cinematográfico se tratase, el argumento desgranó su desarrollo hito a hito bajo el clásico esquema del palo y la zanahoria. Llegada a Cadaqués casi por casualidad. Muchacha de Turismo que nos “exige” que vayamos al cabo. Al faro. A la punta. Así que nos acercamos al cabo (12 kilómetros por una carretera que una cabra desecharía), admiramos el paisaje, me siento realizado y entramos en el faro. Otra muchacha de Turismo nos indica que no sirve, que hay que llegar a la punta. Que hay un camino. Y pateamos, porque la senda no es larga pero la señalización no ayuda. Casi una hora entre pedruscos para llegar al principal, identificado con dos círculos a modo de diana. La punta. Una isla a la izquierda, una costa en lontananza (Francia) y la inmensidad a su derecha. Soy una sombra chinesca enfrentada al sol. Soy una figura ínfima, brazos en jarra, mirada entornada, mente extraviada. Soy una muesca apenas perceptible para el ente natural que aquí gobierna con mano de hierro.

Como siempre (se trata de una constante) me transmuto en hombre antiguo, en persona que se guía por las estrellas, por lo que ha recorrido o por alguna suerte de mapa pintado a mano y salpicado con monstruos marinos. Yo miro e imagino, pero sé lo que hay más allá. Él observa e imagina, y lo que queda en su mente se fija como el límite de su conocimiento. Aguza, entorna, enfoca y al fondo no logra discernir en lo que es cielo (reino de su Dios) y mar (que le lleva, según todos los códigos de su época, a un precipicio sin final en el que se pierden todos los barcos que se aventuran). Conjeturas a las que se agarra para explicarse la vasta extensión sin explorar. Y se da la vuelta, se va, el ocio, por aquel entonces, no estaba hecho para la mayoría de los mortales.

Esto, como digo, ha ocurrido siempre, pero en el cabo de Creus pensé en ello por primera vez en profundidad. Pasó en Finisterre, hace ya tanto, sucedió en el cabo de San Vicente, no mucho tiempo atrás, casi el mismo año del cabo de Roca, y ocurría todas aquellas veces que subía a la azotea ceutí y me encontraba de frente con el peñón horadado, otro continente y según desde donde mirase, otra época. Aunque creo que allí, el hombre antiguo y el moderno coinciden en su deseo de cruzar.

Paranoid venera I appear Missing, de Queens of the Stone Age