31 de Julio de 2012

Goodbye Stranger

Posted by Paranoid en Miscelánea | 20:26

El verano suena a Goodbye Stranger. Lo escucho y desaparezco. Ahora tengo un tercio de mi edad actual y pierdo el tiempo sobre un sofá algo ajado que, en su adolescencia, soñó con ser de piel. Después de comer, espero a que se cumpla un límite horario que nunca comprendí. Rebusco entre los cedés de mi tío. Él posee el primer reproductor de la familia y una colección de música que merece mi admiración. La primera vez que elegí, dudé entre The Beatles, Dire Straits y Supertramp. Los tres nombres navegaban por el horizonte de mi mente. Escogí el último por alguna razón que no tengo muy clara. Quizá por la portada (seguramente). Ahora no lo pienso. Cada tarde me dejo caer mientras mi familia, en la sala contigua, toma café. Aprieto el botón, se abre la bandeja con su ruido característico y deposito el disco con todo el cuidado del mundo (creía que eran muy caros y también muy delicados). Cierro y “play”. Subo volumen. Abro el libro. Comienzo con el ritual vespertino que se repite durante un largo mes, el tiempo en el que la estación se hace con una legión de sinónimos: calle, piscina, carreras, bicicleta, frontón, amigos, juegos en la noche, algo de vandalismo infantil, pueblo, fiestas más o menos inocentes… Despreocupación. Una sensación de libertad sólo cercenada por algunas (y no demasiadas) imposiciones. Un aura de disfrute e ingravidez que se oscurecía el mismo momento en el que las puertas de aquel coche oscuro se abrían para mi. Volver significaba mucho más que lo que dictaba su definición.

Paranoid escucha Supertramp

18 de Julio de 2012

Adiós

Posted by Paranoid en Cosas serias | 19:50

Le conocí por los pasillos hace cuatro años. Más bien, me conoció él a mi. “¿Qué tal? Eres nuevo, ¿no? ¿En qué departamento trabajas?”. No medió palabra previa alguna. Quizás un presuroso saludo del que todavía no conoce su nuevo territorio. Parecía algo más joven que yo.

Intercambiamos un par de diálogos más después del estreno. Siempre del estilo. Nos encontrábamos, nos saludábamos, hablábamos un minuto y nos despedíamos. Yo me alejaba con un pensamiento permanente dirigido hacía la simpatía del tipo y su brutal vitalidad. Era un tío feliz, siempre con el optimismo grabado a fuego en su cara, sonrisa perenne y alegría suficiente como para envasar y regalar con un suplemento dominical.

Pero un día desapareció. Simplemente dejé de verle, algo que sucedía a menudo. El edificio es grande y podría deambular por él durante meses sin encontrarme con una persona concreta. Enfermó. Eso me dijeron después y eso me confirmó a su vuelta, cuando me topé con él en la entrada y me detalló lo ocurrido. Cáncer. “Pero ya estoy bien, tío. El día 27 me dan unos resultados y serán los definitivos, ya verás”. Le vi más gordo y con el rostro ajado, pero debajo de cierta palidez y de unas ojeras profundas sobrevivía una capa fina de frescura que amenazaba con la reconquista. No lo dudé entonces y ni me lo planteé el famoso 27, el día en que me miró a la cara y me soltó sin ambages: “tío, todo ha terminado. Ha ido genial. Todo perfecto”. Seguía sin conocerle. Seguía siendo un tío con el que me cruzaba por los pasillos.

Poco después me enteré, me comentó una compañera, que Jesús recayó. No había ido tan genial. No era todo tan perfecto. Otra baja de meses con resultado incierto pero preocupante. Una baja definitiva.

Ayer me contaban que mostró su vitalidad, su optimismo, su sonrisa, su ánimo… hasta el final. Hasta un final que ocurrió el pasado sábado. Sin hacer ruido, algo, que por cierto, sí se salía de su estilo.

No se me ocurre una despedida adecuada. O igual sí: hasta que te vea por los pasillos.

Paranoid siente volver así