11 de Octubre de 2011

Licuefacción cerebral

Posted by Paranoid en Miscelánea | 23:01

Ocurre desde hace aproximadamente un mes y medio. Diversos acontecimientos acaecidos en mi día a día laboral han provocado que cada jornada, cada tarde, mi cerebro inicie un proceso de licuefacción que se intensifica en ese periodo indefinido entre mi salida del trabajo y mi llegada a casa y culmina en mi sofá de IKEA de segunda mano. Algunas fuentes indican que si bien echarle la culpa al trabajo resulta acertado, también tienen que ver otros factores externos relacionados con la cerveza, la ginebra y la tónica. No lo niego.

No sabría explicar los procesos del fenómeno pero sí sus síntomas. El primero surge en la ascensión, por la cara norte, hacia mi casa (es un séptimo pero me ha dado por subir andando y juro que tardo menos que en el ascensor del cretácico). A partir del segundo, más o menos, se comienza a escuchar, y sentir, un extraño gorgoteo en el interior de mi cabeza. También se eleva la virulencia del resuello, pero esa es otra historia. Cuanto más subo, cuanto más fallan las fuerzas y más seguridad se pierde, más escandaloso resulta el oleaje interior.

Previo al soniquete se advierte también una escandalosa reducción de la capacidad de pensar o, como diría mi abuela, del espabilo. En la última etapa de Metro ese efecto adquiere una relevancia especial, hasta el punto de hacer peligrar el trasbordo de rigor. Una vez en casa, donde las defensas se relajan y los sistemas sensitivos deciden hibernar, el discernimiento se torna utopía y acciones como apagar un simple aparato o devolver el pedazo de queso a su funda de plástico se vuelven imposibles. Si Lalau ha llegado, soy el tercer ser más resolutivo de la casa después de ella y de la gata. A veces me supera la planta del aire que habita en la terraza, pero depende del día que haya pasado ella.

Luego llega la recuperación. Hasta cierto punto, claro. Pero generalmente demasiado tarde…

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