23 de Mayo de 2011

Mudo

Posted by Paranoid en Sesiones (con Gordon Geco) | 22:21

Quince días mudo, y eso si consigo decir algo hoy, que lo veo complicado. Quince días son demasiados para alguien que se planteó, hace ya unos años, pasar por aquí cada tres o cuatro jornadas para decir lo que hubiera, o lo que se inventase.

Voy a hacer un repaso de las historias de las que me hubiera gustado hablar. O sin gustarme, las que se hubieran merecido un pequeño esfuerzo. Por ejemplo, los acampados de Sol, el movimiento (o lo que sea) 15-M que ha despertado, desde mi punto de vista, una conciencia social no ya dormida sino en estado comatoso desde hace siglos. Me acerqué a verlo. Tarde, pero lo hice, y en dos ocasiones. Por muchas razones. Para empezar, este tipo de acciones me producen simpatía. Eso para empezar, porque cuando llegué y vi lo que ocurría en el centro de Madrid, la sensación se acercaba más a la emoción, al orgullo, que a un simple “pues me caen bien”. Esta gente, jóvenes estudiantes, mileuristas, parados, jubilados, personajes que creen que un mundo socialmente más perfecto es posible (en algún grupo me incluyo) han golpeado en el momento en que el bostezo se hacía más evidente, justo cuando la boca se abre hasta la inmensidad y el disimulo resulta imposible. Y algo han conseguido (y está por ver lo que conseguirán en el futuro). Han alcanzado consensos en varias asambleas, han elaborado una serie de propuestas que, al menos, merecen un estudio serio, se han organizado hasta límites dignos de admiración y han robado a los políticos su particular cartera, o una de ellas, la de disponer de los medios de comunicación a su antojo durante una campaña electoral. Hasta mis padres hablan de esta gente…

También debería decir algo de mi nueva condición de tío, y no es que haya finalizado algún proceso de cambio de sexo, no, sino algo más valiente: aún hay gente, cuñados en este caso, que se atreven a traer al mundo esas cosas llamadas bebés. Es el primero (la primera) así que me encuentro a la expectativa. ¿Qué decir del sábado, cuando la vi con cinco horas de vida? Pues que estaría reflexionando acerca de en dónde coño estaba, con lo a gusto que flotaba en esa barriga calentita. También pensé en lo autoritarios que son los ñajos, aunque habrá que perdonarlos. Ah, y sobre todo, qué cosa tan pequeña… Todo lo demás, con el tiempo. Abriré un fondo de propinas por aquello de ser precavidos.

¿Algo más? Si, la tarde del domingo, esa en la que el mapa político de España se pintó de azul casi por completo. Esa tarde-noche que aún permanece, y que lo hará todo el tiempo que los medios quieran. ¿Sorpresa? No. ¿Indignación? Tampoco. Una sensación de que se confirmaban algunos de los presagios y de que el hecho de que algunos se lo tuvieran merecido no tendría por qué significar que los otros arrasasen. Pero así funcionan las cosas en este país. Normalmente se cuentan con dos alternativas, y en este caso se podrían calificar como la mala y la peor. Nada más. Veremos ahora lo que ocurre. Veremos si la gaviota que nos sobrevuela solucionará algo con esas promesas que tanto han repetido y esas propuestas que nunca se han escuchado. Podían hacer caso de la gente de Acampada Sol, tendrían que aprender (todos, no sólo ellos) pero no dejemos volar libre a nuestra imaginación…

Claro, el transporte público. 15 días dan para muchas historias si se frecuentan los metros, autobuses y demás. Pero eso, mejor para otro momento.

Paranoid escucha Camping

9 de Mayo de 2011

Bin Laden, Obama y alguno más

Posted by Paranoid en Más allá de mi ventana | 8:35

Han pasado unos cuantos días desde que me levantase con la noticia de la muerte de Bin Laden. Desde entonces, este hecho ha estado presente no sólo en todos los informativos y ediciones de diarios sino también en decenas de conversaciones con Lalau o entre amigos. Me han preguntado mi opinión en muchas ocasiones y siempre he contestado lo mismo. Una de las últimas alusiones al tema por parte de Obama me reafirma en ella.

Dice ahora el premio Nobel de la Paz (es de coña…) lo siguiente: “Cualquiera que cuestione que el autor de una matanza en suelo estadounidense no merecía lo que recibió, necesita ser examinado”. Así, claramente, con toda la suficiencia estadounidense a la que nos tienen acostumbrados y en la que él, de momento, no se había refugiado de una forma tan fragrante.

La primera idea que me rondó por la cabeza cuando me enteré del suceso fue: “Lógico, EE. UU. no conoce otra forma de hacer las cosas”. Y sí, es una crítica. Ya lo era entonces, cuando se comentó que el líder terrorista murió con un fúsil en las manos y escudos humanos delante, cómo no ahora, cuando se ha admitido que se encontraba desarmado y que no intentó defenderse. Porque no le dio tiempo, supongo.

Los pormenores de la historia permiten innumerables análisis. El primero, si seguimos un orden riguroso, tiene que ver con el uso de las torturas. ¿Qué faculta a una nación a someter a torturas a un prisionero (ilegal) para obtener información, sea cuál sea ésta? Según se ha confirmado, el tipo que soltó la principal pista sobre el paradero de Bin Laden sufrió más de 150 simulaciones de ahogamientos en una bañera. Qué limpio y democrático.

Pasemos por alto la capacidad de los EE. UU. para saltarse cualquier mínimo respeto acerca de la soberanía de otra nación y continuemos con el desarrollo. Los cuerpos especiales llegan, miran, asesinan y se van con el cadáver. La línea que separa una acción terrorista con otra legítima se atraviesa con facilidad. ¿Por qué no detener al sospechoso y juzgarlo? Total, habrían llegado a la misma conclusión, pena de muerte, pero un poco más disimulado. Y esto no significa que yo, personalmente defienda esta opción. Me resulta aberrante que un Estado se vea con la capacidad de quitarle la vida a alguien sea cuál sea el motivo por el que se hace.

Capítulo aparte se merecería la retahíla de reacciones internacionales. Supongo que un dirigente cualquiera no se atreverá nunca a expresar su contrariedad ante un caso como este pero, ¿y si se calla? Así que todo el mundo se ha puesto de acuerdo en que a un terrorista se le puede localizar, ejecutar y arrojar su cuerpo al mar (tras, recordemos, obtener su paradero mediante torturas) y, aún más, felicitar a los intrépidos autores de la operación. ¿De qué va el tema, de número de muertes? ¿Cuál es el límite? ¿Y aquello de la Justicia dónde queda?

Por cierto, escribía Alfonso Ussía (La Razón) lo siguiente después de la muerte de Bin Laden: “La muerte de los que matan es menos muerte. Me despierto mañana con la noticia de que han aparecido fiambres De Juana Chaos o Josu Ternera y me baño entonando un zorcico”. Según lo comentaba una mañana José María Izquierdo en la Cadena Ser se me ocurría la misma pregunta: ¿No es lo que hacían los GAL? Porque anda que no se han escrito líneas…

Paranoid escucha Guano Apes