27 de Abril de 2011

Cementerio

Posted by Paranoid en Sesiones (con Gordon Geco) | 22:21

Los cementerios son lugares necesarios y su visita, una convención social (¿o religiosa?) elevada a dogma en ciertos días del año. El pasado viernes entramos en uno, en aquel donde ella permanece para el recuerdo de los que nunca pensamos que algún día dejaría de contarnos sus historias entre risas y vocablos peculiares. Fuimos Lalau, el viejo y yo. Fuimos a pararnos frente a su nicho, mirar aquello que la representa y hablarla. Cada uno a nuestra manera, supongo.

Estos lugares nunca me han provocado aprensión, miedo o ninguna sensación más allá de curiosidad, como tantas y tantas cosas en esta vida. El viernes algo cambió. No del todo, no sentí un giro interior traumático ni nada por el estilo, pero si una presión que nunca sabré bien cómo definir. Un escape hacia algún sitio desconocido en el que yo hablaba y nadie contestaba. Yo pensaba, imaginaba, revivía, me autoconvencía, pero lo único que mostraba mi proyector interior era una imagen, una cama y el olor a limpieza cáustica, una persona de tez amarillenta, una constatación de lo que iba a ocurrir en cuestión de horas y nos iba a perseguir durante años.

Para el retorno, nada mejor que esas acciones cuyo carácter rutinario se impone por encima de todo lo demás. Lo hago y me doy la vuelta. Y miro al viejo, busco un resquicio por el que entrever sus pensamientos. No lo encuentro (o no lo hay). Su cara refleja normalidad, sus comentarios, también. Observa como quien se haya ante el último cuadro de una exposición sin interés hasta que entrelaza sus manos por la espalda y avanza: “Vamos a buscar a mi hermana”, comenta sin rastro de emoción en su voz.

Creo empezar a comprender. Tomo el camino de la empatía y pienso en lo que una persona de 84 años entiende por muerte. El paseo por el cementerio anima la reflexión. “Este era primo mío, este me lo cruzaba por la calle muchas veces, este murió joven, este también era primo, aquí está mi hermana, estos tres hermanos murieron antes que sus padres, estos dos son los vecinos, ¿recuerdas a tío Campana, Víctor?…”. Vive (vivía) en un pequeño pueblo extremeño acuciado por el envejecimiento de la población. Antes de morir, mi abuela comentaba en tono de chanza el temor de los sábados: durante una época, cada fin de semana doblaban las campanas para entierro. Tiene que ser difícil acostumbrarse a esa vorágine cuando sabes que el siguiente, en cualquier momento, puedes ser tú. Tiene que ser difícil, o necesario.

Al final del itinerario, el viejo nos señaló un nicho que había vendido para comprar otro al lado del de su esposa. De nuevo, neutralidad. Como si tuviera asumido que pronto tendrá que mudarse.

Paranoid escucha El Resplandor, de Standstill

19 de Abril de 2011

Viñeta…

Posted by Paranoid en Miscelánea | 12:40

Del 20 Minutos, aunque no puedo precisar el día. Me gustó. Me hizo mucha gracia, de hecho…

Viñetaca

10 de Abril de 2011

Paradojas

Posted by Paranoid en Miscelánea | 23:40

Pensad en que un día el sistema financiero de un país quiebra a lo bestia, en realidad toda la nación se arruina, y algunos de sus queridos bancos caen con millones de euros (unos 4.000) de ahorradores en el extranjero incluidos. El ejemplo islandés. Pongamos que los ciudadanos de Holanda y Reino Unido son los principales damnificados, los que pierden su pasta tras confiársela a estas entidades atraídas por un tipo de interés atractivo, y los Gobiernos de ambos Estados se dignan a adelantar a cada cliente su dinero mientras de alguna manera consiguen recuperar aquel que se perdió.

A partir de aquí, la paradoja. No una normalita, la gran paradoja. Ambos Ejecutivos deciden que han de cobrar esa cantidad, lógicamente. Y se lo comentan a Islandia, que por su parte avaló el dinero de sus ciudadanos pero no el manejado por sus bancos en el extranjero. Los nórdicos buscan soluciones y dan con la tecla, les piden el dinero a sus propios ciudadanos. Es decir, una mente brillante desarrolla un plan por el que cada familia tendría que aportar unos 50.000 euros para pagar una deuda similar a la tercera parte del PIB nacional.

¿Cómo es eso de qué los que pagamos la crisis somos los de siempre? En Islandia, se lo toman al pie de la letra, lo que pasa es que como su educación nórdica les dicta unos modales en los que el caradurismo no está del todo bien visto, lo preguntan primero. Van dos veces. En el primer referéndum ganó por mayoría casi total el No. En el segundo, celebrado este fin de semana, vence el No con menor diferencia (un 60% de los votos) Según parece, los intereses de la deuda decrecieron y el tiempo de pago aumentó. A la vista de los resultados, podría ocurrir que en una tercera consulta se aprobase la propuesta. Pero no hay lugar a la especulación, bastante curioso resulta que cuatro de cada diez islandeses se ofrezca a hacerlo.

Imaginad por un momento que ocurre en España lo que ha sucedido en Islandia. Si partimos de la base de que el Gobierno de turno preguntase a la ciudadanía, lo que ya parece complicado, ¿Alguien votaría un sí? ¿A alguien se le ocurriría pagar directamente los errores, la jeta, la mala visión de futuro, la caradura, la ambición sin límites de tipos como Botín o compañía? Y digo directamente porque es posible que ya lo estemos haciendo, pero de una forma más disimulada…

Y en otra ocasión, segunda gran paradoja del presente económico. Esta vez sobre Portugal, políticos y hienas. Todo en el mismo saco.

Paranoid escucha Erase/Replace de Foo Fighters

3 de Abril de 2011

El cambio mundial se hace realidad

Posted by Paranoid en Miscelánea | 21:03

Conway, Lau y yo hemos sido conscientes a mediodía de que la tan cacareada predicción macroeconómica y geopolítica del cambio en el orden mundial se ha hecho realidad en la vida cotidiana. Tras dirimir un acalorado debate entre vario lujosos restaurantes (nada en las palabras anteriores es cierto), hemos decidido comer en un asiático-chino-japonés del barrio, buena relación calidad-precio. Allí nos hemos encontrado con la sorpresa: un camarero español entre una decena de sonrientes y serviciales orientales. Allí curraba, y parecía que cortaba la pana (conocemos el sitio, no lo hace) con sus maneras de camarero de terraza de Sol, sus frases directas y apremiantes y esa eterna manía de intentar que el cliente pida lo que no le apetece.

Ahora que lo pienso, y como hemos comentado, su actitud y modales, sin ser malos, pertenecían más a un empleado del restaurante del hotel Palace que al de un bar atracaturistas del centro. Hemos imaginado su historia. Cada mañana, Paco sale de su casa con su traje oscuro y su camisa desactualizada hacia las tierras de Varon Dandy. O eso piensa su familia, dos retoños y una mujer orgullosa. El tipo, sin embargo, se encamina hacia ese su nuevo reino oriental y los acordes musicales chungos (dice Conway que se parecían al comienzo de una canción de Arcade Fire). Allí se cree el amo y los chinos le dejan hacer por un sueldo mísero, en clara venganza a años de una realidad contraria. Paco bromea, saluda, habla en alto (detalle importante, el resto no lo hace), insiste, apremia al cliente y canta “dos helados, uno de vainilla y otro de nata” mientras la encargada de los postres pone cara de no enterarse de nada. Igual es la suya habitual.

Todo mientras sueña con ese momento en el que le confesará a su esposa toda la verdad: será cuando le entrevisten en El Mundo por ser el primer español en regentar un clásico restaurante chino.

Paranoid escucha la final entre Nadal y Djokovic