29 de Diciembre de 2010

Tresdosuno

Posted by Paranoid en Sesiones (con Gordon Geco) | 15:07

Han pasado tres años, dos meses y un día (ya, la broma fácil, parece una condena), desde aquel día en que llegué a casa, miré a mi madre y ella me dijo: “Sabía que iba a pasar”, con cara de resignación ante la evidencia.

Después de ese tiempo, ayer el Ayuntamiento de Madrid consiguió por fin que me empadronase aquí. Ya no soy un miembro más de esa población fantasma que habita en esta ciudad inhóspita, ya no formo parte de esa estadística engañosa de la que tanto se quejan los gobernantes locales y también los regionales. Me he integrado en un conglomerado de millones de personas con tarjeta sanitaria (no más broncas cada vez que vaya al médico), con el deber de pagar las multas (todas injustas, ya sabéis) y con la posibilidad de aparcar dentro de los límites de la M-30. Esto último, por estúpido que parezca, es lo que me ha llevado a cambiar oficialmente mi residencia. Ahora hay que hacerlo así: modificar el domicilio propio y hacer lo mismo con el del vehículo para que te den (vendan) un distintivo de aparcamiento de los que sobran 200.000, o faltan 200.000 plazas. Una forma más de obligar, por lo que se ve bastante efectiva.

Resulta irónico que más de tres años después, cuando por fin lo hago, lo hacemos, la idea de dejar este lugar cobre fuerza y adquiera protagonismo en nuestras conversaciones. ¿Cuál es el problema? Sencillo. Al menos en nuestros casos, lo que Madrid da no supera a lo que roba. El tiempo aquí desempeña su papel destructor. No sólo se pierde en los traslados diarios, también, lógicamente, lastra todo lo demás: amistades, quedadas, ocio, compras… Muchos días resulta complicado plantearse llenar la vida de contenido de ese tipo con la perspectiva de ver pasar estaciones y estaciones de Metro entre bostezos.

Eso sin contar con el también decisivo aspecto económico, íntimamente relacionado con la excusa laboral. “En Madrid se paga más y se trabaja mejor, se hacen más cosas, se presentan oportunidades que aquí jamás tendrás”. Si echo la vista atrás se abren dos vertientes. Ahora tengo lo mismo que antes, vivo igual, sin grandes (ni pequeños) lujos. El salario creció en consonancia con los precios. El mercado de alquiler permite pagar con gracia un pequeño piso a precio de mansión. Los transportes se atragantan. El valor de una caña se acerca al del oro. La dignidad, de eso hablamos Lau y yo, de no trabajar casi por el aire que respiramos (más o menos eso ocurre en Valladolid y cualquier ciudad mediana o pequeña) domina la otra vertiente. Y está bien, es interesante sentir que tu labor se recompensa de una forma ligeramente digna, pero no es suficiente. Sobre lo que hago prefiero no reflexionar.

Satisfactorio pensamiento para acabar un nuevo año por aquí.

Paranoid escucha Interpol

22 de Diciembre de 2010

Posted by Paranoid en Miscelánea | 13:32

A la espera de que González Pons declare que el Sorteo de Navidad es una maniobra del Gobierno para distraer la atención de la crisis.

Iré informando…

14 de Diciembre de 2010

Everything…

Posted by Paranoid en Sesiones (con Gordon Geco) | 19:34

Edito un artículo de un tipo que cree saber cómo escribir. Emocionalidad en las empresas, empatía, estados de ánimo, fórmulas de incentivación… Conceptos hoy en día en búsqueda y captura (para su posterior ejecución). Mi red neuronal se asemeja al mapa de carreteras de la zona más desértica del planeta. Nada existe, nada funciona, nada se envía ni se recoge en ella. Sólo un sonido, una canción cuyo estribillo toma fuerza repetición tras repetición. Everything in its right place, aúlla Thom Yorke en un tono que taladra cualquier duramadre que se precie. Rebota sin descanso entre las paredes craneales, viaja a la velocidad de la luz alumbrada por una enorme y cínica sonrisa. Las únicas señales externas que recojo (o que alguien procesa por mi) me producen un hastío aún mayor al que intenta abrirse paso en cada una de mis fibras. Casi duele, lo aseguro. Creo sentirlo. Yesterday I woke up sucking a lemon, dice. Curiosa coincidencia.

There are two colours in my head
There are two colours in my head
What, what is that you try to say?
What, what was that you tried to say?
Tried to say… tried to say…
Tried to say… tried to say…

Everything, everything, everything, everything (In its right place)