29 de Abril de 2010

Seguid intentándolo

Posted by Paranoid en Miscelánea | 22:30

La industria de la TV se aplica con cada día más intensidad en hacer caja en el hogar Lalau-Paranoid. De momento aguantamos. ¿Hasta cuando?

Hace como dos años y medio, cuando aterricé sin hacer ruido en esta ciudad, dotamos al piso que aún habitamos con una televisión acorde con su tamaño: catorce pulgadas de pantalla abombada ocupaban un esquinazo (una esquinita, para ser exactos) de nuestro salón (cito). Era la clásica tele-sobra que te traes de casa de tus padres junto con los tuppers de pasta y el bote con caldo de cocido.

Tras meses de dejarnos los ojos en esa bonita aventura que es ver la tele (lo poco que lo hacíamos), nos topamos con un aparatejo nuevo, más grande, igual de barato y completamente a la moda. ¿Qué se impone la pantalla plana? Pues toma una. Muchas gracias señor banquero por adecuar nuestra vivienda a las exigencias de la industria.

Claro que eso de que fuera gratis no le gustó a la Asociación de Magnates Fabricantes de Televisores (AMFT), capitaneados por Tío Gilito y Rich Uncle Pennybags. Por alguna razón, necesitaban, o incluso nos exigían, que gastásemos dinero en ellos, así que se inventaron la TDT en connivencia siempre con los diferentes canales de televisión y el Gobierno de turno. Había tres posibilidades: que adquiriéramos un televisor nuevo con el sistema integrado, que nos hiciéramos con un DVD o HD grabador que también aportase TDT (ni DVD tenemos, oigan) o que cayéramos en la trampa del descodificador. Eso hicimos, pero nos dimos el gustazo de comprar el más barato que encontramos (sin visitar tiendas de chinos). Rondó los 20 €.

Por supuesto, esto no podía acabar aquí: la (AMFT) sopesó la situación, estudió sus cartas y se decidió por una jugada digna de los bajos fondos napolitanos. ¿Piernas rotas? ¿Disparo en las rodillas? ¿Costillar dolorido sin dejar marcas? No, algo peor, el castigo psicológico que supone cambiar de canal sin cesar en dirección ascendente o descendente, según el día, con parada fortuita en Veo, Intereconomía o Telemadrid. Lo más granado. Paralelamente, las cadenas han comenzado a emitir en pantalla panorámica. “¿Qué no caes por el lado TDT? Pues te vas a quedar sin ver un rótulo en condiciones (esto incluye los marcadores del fútbol, esos de la esquina superior izquierda) y sin enterarte de “pequeños detalles” que ocurren a ambos extremos de la escena. A ver si aprendes.”

Y como no aprendo, un paso más. LG presenta su nueva pantalla de tecnología LED 3D (lo encontraréis fácilmente en Google) para sentir como te sobrevuelan las balas mientras ves cualquier película bélica. No hablo de lo que sobrevuela si pones una porno. Pronto esta tecnología se convertirá en lo “ultimérrimo”, ese tipo de cosas que si no tienes en casa no eres nadie, y toda la sociedad se verá bombardeada con anuncios que nos harán ver la necesidad de comprar y comprar y comprar. Y cuanto antes mejor, que luego llegará la TV que también emite olores o que te permite colarte en las series para luchar contra el tal Águila Roja y habrá que cambiar de nuevo. No vaya a ser que nos quedemos obsoletos sin remedio y completamente marginados. Ninguna marca, bienintencionadas ellas, quiere que eso ocurra.

Paranoid escucha A Punch Up at a Wedding, de Radiohead

21 de Abril de 2010

La desmemoria como solución

Posted by Paranoid en Miscelánea | 19:56

“El pasado se ha convertido en bastidor, en decorado de una función desaparecida hace tiempo del programa. Los nietos no se toman la molestia de barrer los residuos”

Final de Fragmentos Españoles (1985), ¡Europa, Europa!, ensayo de Hans Magnus Enzensberger

Hace años le veía pasear por las polvorientas calles de un pueblo castellano. Su cuerpo enjuto y su mirada huidiza repelían toda sensación de peligro. Su cara, muy cuarteada y flanqueada por dos grandes orejas, era un reflejo fidedigno de sus ochenta años. El anciano caminaba sólo y con aire inexpresivo. Resultaba imposible extraer cualquier conclusión de su aspecto, de cualquiera de sus gestos. Recuerdo perfectamente algo que me chocó, jamás me lo crucé en compañía de nadie. Pero esto no siempre fue así. En el pasado (tan lejos como para olvidar, dicen unos, demasiado lejos para que todo siga igual, piensan otros), este hombre, entonces joven, buscó con otros individuos la complicidad de la noche. El poder descansaba en sus nudillos. Una llamada suya helaba cualquier esperanza. Una muda y unas palabras de recuerdo era todo lo que el rojo necesitaba por equipaje. Corrían los años de la Guerra Civil y la represión posterior.

Días atrás escuché dos testimonios aterradores por su sencillez. El primero lo protagonizaba una mujer de setentaymuchos en la radio. La anciana explicó, con una objetividad nacida de la resignación, la detención de su padre (republicano), su muerte y su abandono en una fosa común (no he querido escribir entierro ni siquiera sepultura, ninguno de los términos describe la realidad). Ella, que conoce perfectamente el lugar donde continúa el cuerpo, aplaudió con ilusión la llegada de la Ley de Memoria Histórica, pero nada ha cambiado. Preguntó por qué a los políticos presentes en la tertulia.

Dos noches después, en Informe Semanal, el segundo de los casos. Otra anciana, esta de 78 años, recordaba una promesa trasmitida de generación en generación (esto sí es memoria histórica): “Hija, si me muero y aún no he tenemos a tu abuelo, búscalo tú. No dejes que siga donde está”. La mujer aceptó y aún hoy se esfuerza por rescatarlo. Aquí la fuerza de la televisión desempeña su papel. Cuando la anciana habló de la cuneta en la que permanece el cadáver, la pantalla mostró un pequeño canal que cruzaba por debajo la N-501. El espacio era oscuro y tétrico. El agua, opaca de fango y suciedad, lo recorría con nervio, acción con la que se procuraba un pequeño cauce entre el barro y los desperdicios. En algún punto de la entrada de ese desagüe descansan los restos del abuelo, si es que alguien, por años que lleve muerto, puede descansar así. “Sé que me moriré y no cumpliré la promesa”, comentaba la mujer, al tiempo que blandía algunos documentos escritos a mano. La Administración conoce el caso y el lugar.

Mi padre, después de finalizar este reportaje (un amplio seguimiento del proceso contra Garzón con valoraciones de profesionales de todo el mundo), terminó de fruncir su entrecejo: “Lo que es una auténtica vergüenza es que después de tantos Gobiernos, de todos los Gobiernos, ninguno haya sido capaz de buscar a los desaparecidos y desenterrarlos de donde estén”, disparó. Y no pude estar más de acuerdo.

Paranoid escucha Lincoln’s Eyes, de Mercury Rev

12 de Abril de 2010

Juan Manuel Gozalo

Posted by Paranoid en Miscelánea | 19:43

De nuevo una despedida. Ha muerto Juan Manuel Gozalo, una voz de los deportes de Radio Nacional de España que durante años y años se convirtió en la banda sonora de la cena en mi casa.

Me empiezo a dar cuenta de que ha pasado esa época en la que nos dejaban personalidades que a mi me sonaban de poco o nada. Cada vez más a menudo, los obituarios de las noticias resumen la vida y obra de alguien que me resulta más cercano, que conozco y que, en ocasiones, le dispenso cierto cariño. Será la edad, la suya y la mía.

Juan Manuel Gozalo entra en la última categoría. Desde que era pequeño (bastante pequeño, que recuerde) su pausada, cálida y característica voz ha sonado todas las tardes en mi casa, exactamente a la hora de cenar. Nunca olvidaré su tono de voz, su información deportiva alejada de polémicas y el buen humor que transmitía tanto él como el resto de sus colaboradores, un ánimo marca de la casa. Si soy sincero, he de elevar al mismo nivel la sintonía de su programa, Radiogaceta de los Deportes, música que desde siempre he atribuido a este espacio como si sus creadores, el dúo suizo Yello no fueran más que unos actores secundarios.

El ERE de RTVE dejó a este locutor, ahora fallecido, fuera del ente público. Tras su marcha, José Manuel Gozalo continuó en el medio desde Radio Marca (todo esto me recuerda me recuerda a otro gran profesional, Julio César Iglesias) y, se inició en la política en Camargo, el municipio cántabro en el que nació. Si le dedicó la misma pasión a su pueblo que repartió en toda esa vida en la radio, seguro que su labor se habrá dejado notar.

Se ha ido otra de esas voces del pasado. El cáncer se la ha vuelto a llevar. Una lástima.

Paranoid escucha Stone Temple Pilots

7 de Abril de 2010

De vuelta

Posted by Paranoid en Cosas serias | 23:26

Quería contar cómo he vivido estos casi 20 días que llevo sin aparecer por este santo lugar. Quería compartir con los cuatro gatos que a veces nos reunimos por aquí que he estado de vacaciones. Otra vez de vacaciones, sí. Y otra vez en Portugal y Extremadura. Pero que antes de irme, y durante una semana, la situación se tornaba diabólicamente negra minuto a minuto. Hablo de ese estrés creciente sólo superado por un nivel de hastío importante, complementado con maestría humana por la negatividad reinante a mi alrededor. Y en un momento dado, se acabó. De repente, el límite, la frontera que separaba la oscuridad de la libertad más absoluta me sobrepasó (tuve la sensación de que fue ella la que se movió hacia mi).

A la mañana siguiente, la carretera, la claridad de la mañana, los kilómetros y kilómetros de conversaciones, música, rutas, siestas y momentos. Lau, Pedro y yo rumbo a Oporto. Sin prisa, sin ninguna prisa, saboreando un paisaje ahora yermo, ahora nevado, ahora llano y castellano, ahora montañoso y arisco. Nos esperaba el Malaposta en la ciudad del Duero (hotel de recuerdos imborrables). También, dos días después, Aveiro. Y Batalha. Y Nazaré. Y Guisado con su tremendo restaurante. Y Óbidos. Y Pedrogao, con la maravillosa familia de Pedro (¿no lo he dicho? Es de allí, es portugués). Y luego la Extremadura de las dehesas verdes y la vía del tren. Del ganado en el campo y el sol casi omnipresente. De mis abuelos y de esa casa en la que el tiempo no entra ni de visita. De los paseos, los cafés cargados y la Semana Santa más austera.

Hoy, día en el que la rutina diaria vuelve para quedarse, quería destacar el alto grado (máximo grado) de olvido que este viaje ha construido. Durante once días, mi realidad habitual no se ha manifestado ni en los más lejanos confines de mi mente al ralentí. Y como me gusta y me enorgullece, me sentía con el deber o la osadía de gritarlo. Con ese propósito me levantaba hoy. Triste e ingenua esperanza. La rutina corre más que nadie y desde luego mucho más que la ilusión. Atrapa cuando menos te lo esperas, cuando peor es la caída.

Quería contar muchas cosas, sí, pero mi tarde ha terminado con la compañía, buscada de forma impulsiva, de Nacho Vegas y sus canciones de vencidos.

Paranoid escucha…