El Hombre Negativo
Si se hace un análisis de la concurrencia de partículas elementales (pero no las más elementales) en su cuerpo, domina con apabullante claridad la colonia de electrones.
Tiene dos respuestas válidas para cualquier pregunta: “No” y “No… (con explicación pesimista incluida)”, aunque a vece juega a las rotaciones e incluye suplentes como “buuffff”, “imposible”, “ja (con un fuerte componente irónico)” o simples ademanes que todos os imagináis.
Su lúgubre personalidad exhibe numerosas cualidades, todas ellas oscuras, como no podía ser de otra manera. A saber: tiene la capacidad de nutrirse de las trazas de pesimismo que encuentra en los demás o perdidas por el cosmos para alimentar su aura sombría, puede lanzar esa misma aura contra sus compañeros, amigos, familiares o incluso viandantes con la efectividad del lazo de un vaquero, domina el exasperante arte del refunfuño de baja frecuencia, diseña y ejecuta campañas de destrucción a corto y medio plazo de buen rollo y felicidad.
En una entrevista de trabajo con el demonio ganaría con facilidad al resto de aspirantes. Y deprimiría a su interlocutor.
Una característica esencial, sin la cual el mundo no sería el mundo, es que se requieren de grandes cualidades innatas y una profunda preparación durante años para formarse. Estas personas son como la Gouffre de Padirac, hay pocas pero brillantes (cada una en su categoría). Por eso de momento no dominan el planeta. De hacerlo, el resultado se parecería a La Carretera, de Cormac McCarthy.
Antídotos hay pocos. Lo mejor es prevenir (frase gastada donde las haya). Una vez invadido por su campo de fuerza, la sólo la fuerte resistencia, junto al asociacionismo y la búsqueda de riadas de positivismo concentradas, puede salvar al sujeto sano. O eso o ponerse los auriculares y escuchar música a gran volumen cuanto comienza con sus conversaciones rituales.
Ante todo, intentad no cruzaros con ellos.
Paranoid escucha Canciones hacia el fin de una especie, de PAL