26 de Noviembre de 2009

Posted by Paranoid en Sesiones (con Gordon Geco) | 8:27

Hay canciones que anulan los sentidos. Algunas lo hacen en combinación con diversos factores, otras se valen por sí solas. Ayer me ocurrió con The Precipice (Mogwai). La verdad es que con los escoceses me pasa a menudo. Da igual lo que suceda a mi alrededor. En realidad da lo mismo sí existe “alrededor” o no. Durante más de seis minutos, The Precipice lo sustenta todo, respira por mi, mira por mi, avanza por mi, decide por mi, vive por mi. Su progresividad permite presagiar el futuro más inmediato. Su calma inicial anestesia con suavidad cada una de mis neuronas. Con facilidad y disimulo. Todo se ralentiza. Incluso, si lo poco que queda de mi no me engaña, a la muchedumbre que me rodea también. Y se da cuenta. Y no sabe por qué. Yo sí, pero me olvido por momentos. Mejor dicho, me evado por momentos, nadie puede olvidar lo que su mente nunca ha conocido (ver flechas del tiempo psicológica, termodinámica y cosmológica).

El paréntesis dura eso, lo que tarda la canción en administrar sus estupefacientes sonoros. El caparazón presume de dureza y el disfrute, de intensidad. No quiero imaginar la cara que muestro, las preguntas a las que no contesto, los pensamientos que no se originan en ese periodo. No quiero imaginar nada, simplemente repetir con la necesidad del síndrome de abstinencia. Y que esto, que con Mogwai se repite tema tras tema desde hace unos años, nunca muera como una obsesión más. Llamémosle vía de escape. Obviemos el término adicción.

Paranoid escucha cualquier cosa menos Mogwai

20 de Noviembre de 2009

Ya falta menos

Posted by Paranoid en Sesiones (con Gordon Geco) | 8:07

Conversaciones intrascendentes. Holden Caulfield sería mi único apoyo. Horas y horas en las que el único objetivo es encontrar un objetivo. Y la evasión ya no es suficiente. Houdini no podría escapar de esta jaula, no antes de las seis. Algo no funciona, ¿será cuestión de aminoácidos? Es mejor que no. Es mejor aferrarse a alguna causa externa. ¿Estrés? ¿Falta de sol? ¿Más zumo de naranja? Desinterés (¡boum!). Nada fluye, sólo una lucha que dura ya demasiado. Una pugna sin final: la victoria no se atisba, la derrota menos aún. El infinito amenaza con hacerse realidad tras estos cristales. Nada se entiende, nada se justifica. Los actos difuminan las palabras que ya no vuelan con el viento, no les da tiempo.

En algún momento la noria se pone en marcha de nuevo. Ayer, el último ejemplo. Una guarida, un paseo y ella (orden inverso). Una hora en lo más cercano al líquido amniótico. Flotamos, corremos, jugamos, reímos, respiramos. Somos invencibles y todo el mundo nos mira. Somos imparables y todo el mundo nos envidia. Si lo pienso, tampoco es tan difícil. Ya falta menos…

Paranoid escucha Sigur Ros

12 de Noviembre de 2009

Enseñanzas de la Historia

Posted by Paranoid en Cosas serias | 18:37

Hace un mes, más o menos, realicé uno de esos viajes que nunca se olvidan, tanto por lo que piensas encontrar como por lo que efectivamente hallas. El destino, ansiado y muy esperado, Berlín. Dos semanas después de volver me llama una de las personas con las que visité la ciudad. “El País Semanal de hoy se dedica por completo a Berlín”. Bajé corriendo al quiosco, compré El País, volví a mi casa y miré el suplemento con ojos de tener el tesoro más valioso ahí, justo delante, encima de mi mesa.

Aún he terminado de leer la revista. No por falta de tiempo ni carencia de interés, sino por miedo a toparme con el final. La tengo siempre presente. Si viajo, si estoy en casa, si cojo el Metro, en cualquier situación viene conmigo, la abro y aplico un cuentagotas para leer poco a poco, con intensidad.

Pasear por las calles de la ciudad, reconocer la inmensa cicatriz o toparse con pedazos de vergüenza produce la misma emoción que conocer los testimonios, las historias que transmiten y la realidad pasada vista por sus protagonistas. Pero también el presente tiene cabida, y esperanza, con la excelente intervención del alcalde de Berlín, Wowi, una persona al menos peculiar de las que tanta falta hacen en los primeros planos de la política.

El Muro de Berlín supuso mucho más que una simple frontera en un lugar muy particular. Su construcción cercenó una ciudad, un país, un continente, dos formas de ver la política y también de sufrirla. Su alzado significó también un fracaso absoluto, uno de esos errores que nunca sacian la Historia y que se repetirán, a la vista está, mientras la humanidad sea humanidad. Pero de éste parece que ya escapamos (y me incluyo, la humanidad somos todos) y con enseñanza incluida. Falta por ver si se recuerda la moraleja o si cae en el saco de los olvidos pero, mientras tanto, trabajos como éste ponen su grano de arena para que se mantenga viva la imagen de la vergüenza. Algo ayudará.

Sólo puedo dar la enhorabuena a quién eligiera dedicar toda la revista a este tema. Es una decisión arriesgada, pero valió la pena.

Paranoid escucha Manic Street Preachers

2 de Noviembre de 2009

Diario de un Cuanto

Posted by Paranoid en Miscelánea | 21:16

Me encuentro muy feliz en mi actual consideración de cuanto. Por supuesto yo antes ya sabía que era un cuanto. Mejor dicho, lo sentía, pero no lo sabía, nadie conocía nuestra existencia como tal. Ni siquiera nosotros mismos.

A mi todo esto no me ha pillado muy mal. Me he pasado toda la infancia y adolescencia con los clásicos complejos del que se sabe raro y nadie le dice por qué. En la escuela de partículas elementales de luz, a la que acudí, todos los niños me acosaban y me llamaban deforme. No les faltaba razón, pero tampoco crueldad. Yo tenía un aspecto ligeramente curvado y cierta frecuencia, características más usuales entre las ondas, pero por algunos motivos que no referiré nunca se me consideró como tal. Así que me pasé años entre compañeros partículas sin ser una partícula y viendo como en el cole de al lado, las ondas que salían a jugar en el recreo tampoco eran exactamente como yo.

Durante este tiempo y también a lo largo de mi dura adolescencia, el toparme con cuantos amorfos como yo me ha ayudado. Todo era muy complicado. Los problemas en el colegio eran similares pero amplificados (no en frecuencia, pero sí en energía), y mi relación con los demás empeoró definitivamente. Nadie me llamaba para salir, nadie tenía en cuenta mi opinión, ninguna chica se acercaba… ¡Si ni siquiera era capaz de genera luz ultrarroja, algo tan sencillo que mis semejantes hacían con toda facilidad! Pero no era único, y eso convertía mi universo en algo más luminoso.

Decía que todo esto no me ha pillado demasiado mal porque al menos yo a mi edad ya sé qué soy y qué no soy. Es decir, ya sé qué a todos nos consideran cuantos y eso reconforta. Ni ondas ni partículas ni nada. Aunque esto no es el cuento del patito feo, no. Yo continúo sufriendo una forma y unas peculiaridades digamos que indefinidas, tanto como para no acercarme mucho ni a las de unos ni a las de otros. Porque esto sigue igual, ya nos pueden meter a todos en el mismo saco que el que antes era partícula ahora sigue “siendo” partícula y el que antes se encontraba censado como onda todavía se “considera” onda. Estas modificaciones llevan su tiempo.

Si se me pregunta acerca de si mi vida ha mejorado en los últimos años, he de contestar que indudablemente sí. Desde que soy un paquete (en el único significado cierto de la palabra), mi vida ha cobrado sentido. Por ejemplo, y sólo por poner un ejemplo, ahora tengo un trabajo interesante, de los que gustan. Viajo todo el día de punta a punta del Universo (es un decir, nunca se ha llegado a una punta y mucho menos a la otra). Ahora mido. Soy Técnico Infinitesimal de Mediciones. Me envían de aquí para allá para saber a qué distancia se encuentra tal galaxia o a qué velocidad viaja cualquier objeto. Y soy bueno. Todo lo que el principio de la Incertidumbre me permite, sí, pero mis informes son impecables. Además, el hecho de que esto sólo lo hagamos unos cuantos como yo y yo mismo ayuda a socializarte. Por fin encuentro materia con gustos similares. El único problema que se puede dar es toparme con un agujero negro pero claro, todo el mundo sabe que eso es tan improbable que directamente se desecha la idea, Y si se deshecha, ¿para qué pensar en ello?

25 de mayo de 1947