31 de Marzo de 2009

Metro

Posted by Paranoid en Miscelánea | 18:20

Ayer había huelga de Metro y yo no lo sabía. Todo empezó a oler mal cuando me aproximaba a la estación y vi como una manada de ñues salía escopetada por la boca. “Nacional Geographic”, pensé. Mal rollo.

Una vez en el submundo subsuelo la situación empeoró hasta tal punto que eché de menos los ‘acomodadores’ del suburbano de Tokio. Un tren acababa de pasar, los andenes estaban llenos de seres rabiosos y faltaban nueve minutos para la siguiente caja de sardinas. Apareció en hora por su agujero, se abrió y sangró. El metro por la mañana es una arteria. Traslada a gente nueva, limpia, descansada, preciosos hematíes rojos condenados al ostracismo de la periferia donde pierden todo su oxígeno. Luego vuelven vacíos de energía a sus cubículos para recuperarse, sus empresas les necesitan.

Si acceder al vagón fue complicado, salir de él se convirtió en una tarea casi imposible. Plaza Castilla, mi destino ayer, parecía una discoteca de moda a las 3 de la mañana. Ni el aire encontraba su hueco. Un operario nos salvó. Salió de una puerta disimulada con un calzador enorme cargado a la espalda y recorrió puerta a puerta el tren mientras desatascaba la situación. Luego, de nuevo, manadas y manadas de ñues corrieron en busca de la salida (o el autobús) mientras maldecían la fatigosa presencia, casi inexistente, de la cobertura móvil.

Mañana más.

Paranoid escucha Era Vulgaris, de Queens of the Stone Age.

20 de Marzo de 2009

Casualidades

Posted by Paranoid en Miscelánea | 12:56

Café Cotidiano, cerca de Tribunal, jueves a las 19:45. Leo El País frente a la ventana que da a la calle mientras me tomo un café, hago tiempo para la entrevista con Adanowsky. Sorprendentemente he llegado pronto.

Pasa una pareja por delante del ventanal, una chica rubia de unos 30 años y un hombre con barba de apariencia algo mayor. Él me mira con desgana, su expresión cambia entre dudas y me señala a la vez que le pregunta a ella. Dos miradas se dirigen a mi en medio de una conversación recién iniciada. No soy capaz de leer los labios. Tras varios titubeos, la mujer empuja suavemente a su acompañante en clara muestra de apoyo. Yo me dijo con mayor atención y le reconozco, es un profesor de inglés que tuve hace tiempo. La última vez que le vi puede que fuera en 2003.

Entra y se dirige a mi trinchera con una sonrisa de oreja a oreja. Adelanta los brazos, los separa y se prepara para darme un abrazo. Le noto ligeramente emocionado. Me dice: “Paul, ¡Cuánto tiempo!”. Yo casi le respondo “Emilio, cómo tú por aquí”, pero me freno en seco. Un momento, ni yo soy Paul, ni Emilio, a pesar de su condición de profesor de ingles, hablaba con acento extranjero, ni su cara aparentaba la edad del tipo que tenía enfrente.

Se lo hago saber a tiempo para detener el avance y nos juzgamos mutuamente. Tras llegar a la conclusión de que ni nos conocemos ni estamos de coña, me comenta que pensaba que yo era un amigo suyo con el que no coincidía desde hace años. Yo le conté mi versión y se fue, no sin antes asegurarme que estaba encantado de haberme conocido.

Luego comencé a hilvanar una teoría sobre casualidades que se quedó en el olvido.

Paranoid escucha Audioslave

13 de Marzo de 2009

Sanciones

Posted by Paranoid en Miscelánea | 11:29

A mi hermano le han sancionado con 20 días de empleo y sueldo por una razón falsa y, en caso de ser verdadera, a todas luces mucho más leve de lo que el castigo indica. 20 días. Traducido a sueldo es todo un mes. Se lo han anunciado de un día para otro y además, cuando vuelva, otra charla con el tipo que firma la sanción, otro sermón, mejor dicho, para comentarle cuatro o cinco cuestiones en modo amenazante. Es así con todos.

Asusta la capacidad que otras personas tienen para joderte la vida, o intentarlo. Decisiones a todas luces injustas, innecesarias, totalmente desproporcionadas, ‘ejemplarizantes’ y arbitrarias. También asusta la indefensión del trabajador. Es complicado probar tu inocencia contra las acusaciones de una empresa grande sin acudir a un juez. Resulta igualmente difícil que los sindicatos reconduzcan la situación, más aún cuando afecta a una sola persona. Es terriblemente sencillo ganar una cuestión como la actual en los tribunales pero también terriblemente seguro que tu futuro en esa empresa se ha terminado.

Y me hace gracia escuchar a la patronal y el Banco de España entre lloriqueos cuando aseguran que el despido es muy costoso en este santo país, mucho más que la media europea. No hablemos de medias europeas, lo hago por ustedes, saldrían perdiendo. Porque este ejemplo que cuento arriba, tan real como injusto para alguien que además para una hipoteca por si sólo, es el tercero de ayer y el enésimo desde que comenzó la crisis. Antes, por cierto, también había. Contratos basura por los que no permitirían trabajar a sus hijos. Sueldos a la misma altura que la calidad del contrato. Jornadas intensivas, pero intensivas a base de horas, promesas en el inicio que nunca se cumplen en la realidad… Son demasiados ejemplos y, además, he resuelto la duda. No es sólo mi sector, como llegué a pensar, mi sector y alguno más desgraciado.

Y detrás de todo quedan las personas. Las que lo son, porque empiezo a pensar que cuanto más asciendes en cualquier jerarquía, más te animalizas.

Paranoid escucha Batcat, de Mogwai.

6 de Marzo de 2009

Hombre Sobreactuado

Posted by Paranoid en Tipología Humana | 11:07

Se trata de un espécimen que se da en todos los continentes, aunque es cierto que abunda sobremanera en los países anglófonos. El caso que nos ocupa tiene unos treinta años y procede de Venezuela.

Este ejemplar despliega todas sus perniciosas facultades en las clases de inglés que nos regala nuestra querida empresa, lo que no es óbice para comportarse como un perfecto gilipollas líder de su tipología en otros ámbitos de su vida. La expresión que le califica es ‘Oh my God!’, repetida en voz alta y hasta la saciedad tanto después de que el profesor explique un significado como si le dices: Llueve.

El elemento, además, es capaz de llegar a límites como intentar comunicarse en inglés con todos sus compañeros de grupo en cualquier parte del edificio, tenga la conversación o no un sentido laboral. Para ello le da igual que el interlocutor tenga nacionalidad española o sea extranjero. Ante una contestación en castellano se siente obligado a replicar con un ‘tío, ¿por qué no hablamos en inglés?’ y obviar tu necesidad de no escuchar tonterías por estar hasta arriba de trabajo.

En cualquier otro ámbito de su vida la sobreactuación también domina su estilo. Así, si saluda desde cualquier punto, lejano o cercano a ti, lo más normal es que se entere todo el mundo y si le contestas la típica estupidez de déjame-en-paz-capullo, se reirá con la misma intensidad que Antonio Banderas o Tom Cruise (ambos considerados referentes en esta categoría humana) ante un micrófono.

Sin ser peligroso, sí que supone un acicate a las ganas habituales de matar que crecen según avanza la jornada.

Paranoid escucha Bliss, de Muse