Estimada Esperanza Aguirre:
El jueves pasado recibí una notificación proveniente de la Consejería de Vivienda de la Comunidad de Madrid acerca de la solicitud de la Renta Básica de Emancipación. El texto, redactado al estilo “funcionario” incluía los dos párrafos que paso a reproducir:
“Examinada la misma se observa que contiene datos erróneos o carece de los datos necesarios para proceder a su tramitación”.
“Una correcta gestión de la referida renta básica exige que esta Dirección General sólo pueda admitir a trámite aquellas solicitudes ajustadas al modelo de impreso establecido por el Ministerio de Vivienda, correctamente cumplimentadas y acompañadas de la documentación exigida en el Real Decreto 1472/2007 de 2 de noviembre”.
A pesar de haberme llevado muchos palos por no callarme nunca y no desistir de mi postura (en mi infancia sonó mucho aquello de “siempre tienes que tener la última palabra”), no puedo obviar en este caso un par de comentarios. Le confirmo que todos los datos expuestos en la solicitud eran correctos y se ajustaban a lo que en ella se pedía. Siento no dar cuartel en este punto, pero es así, no lo pueden negar. Además, sobre el segundo párrafo tampoco puedo dar mi brazo a torcer. Es más, leí atentamente el Real Decreto el día de su publicación para asegurarme de que las condiciones se ajustaban perfectamente a lo que se nos había anunciado, con lo que espero que no me conteste con un “léete la ley”.
Tras todo esto, me gustaría sugerirle que deje de gobernar la Comunidad de Madrid como si fuera su cortijo y aténgase a las leyes que, afortunadamente, aún se encuentran por encima de usted. Tras los retrasos en lo referido a la Ley de Dependencia y su interpretación (viva el libre albedrío) de la Ley del Tabaco y la Hostelería, no dudaba que en esta ocasión también pondría todas las pegas que pudiera (y que no pudiera). Por ello, después de defender la objeción de conciencia por primera vez en su vida, ya nada me sorprende.
Atentamente, un habitante circunstancial de su cortijo.
Paranoid escucha Ciudadano A, de Ivan Ferreiro