28 de Febrero de 2005

Anciano

Posted by Paranoid en Uncategorized | 0:49

Hacía mucho frío, frío de ese que se siente, se ve y se huele. Delante de mi ventana, un anciano avanzó durante unos setenta metros por la acera de la derecha, una distancia que tardó en recorrer lo mismo que tarda Placebo en versionar Bigmouth Strikes Again de The Smiths. Y yo no podía dejar de mirarlo. Por mucho que tuviera que hacer, por mucha prisa que me urgiera a moverme, no podía apartarme del doble cristal que me separa de la realidad (porque mi habitación no entra en el mundo real, ahora mismo es sólo un paso intermedio, una especie de limbo entre una de mis vidas y la otra).
Conté cinco paradas intermedias, cinco búsquedas desesperadas de salvación en la pared cercana, cinco intentos de encontrar en los ladrillos sucios parte de los años ya vividos y posiblemente olvidados, y otras tantas arrancadas rebosantes de cabezonería y de demostraciones al mundo de que no todo estaba perdido.
Me quise poner en su lugar, a mi lo de la empatía siempre se me ha dado bien, pero esta vez no pude. No concibo una situación en la que yo quiera andar y casi no pueda, me falte el aire, me fallen los músculos y me llore la mente. Sin embargo, ahí estaba el anciano, buscando a su ritmo la partida de mus del centro de la tercera edad, deseando pasar la tarde entre descafeinados con sacarina, envidos, órdagos y pares, calefacción asfixiante y conversaciones sobre el frío que hace (que nunca se parecerá al que hacía cuando eran jóvenes, claro) y que el Madrid de Di Stéfano era mucho mejor que el de los galác… bueno, como se diga.

Paranoid escucha Silverfuck, de Smashing Pumpkins.
Paranoid reza (es un decir) por que esta noche nieve mucho y mañana no pueda volver a Salamanca.
Paranoid no quiere dormir solo.

23 de Febrero de 2005

De barbaries y otras estupideces humanas

Posted by Paranoid en Uncategorized | 16:52

Hoy, las neuronas del turno de noche de mi cerebro han desconvocado por fin su larga huelga y me han permitido recordar los sueños que han rebotado con nocturnidad y alevosía dentro de mi cabeza. Para ser exactos, las imágenes que ha reproducido esta noche mi Cinexin particular no pertenecían al mundo de los sueños sino al de ese tipo de vivencias que cada uno guardamos en el directorio más protegido de nuestra mente. Aunque he de reconocer que todo el trabajo no ha sido de mis neuronas, ayer escuché hablar de una película, El sueño de una noche de invierno, sobre la guerra en Serbia, y algo dentro de mi despertó.
Hay recuerdos que no te dejan jamás, que se te pegan a los huesos para que, vayas adonde vayas, no puedas dejarlos fuera de tus maletas como si se trataran de una revista vieja o de aquella agujereada camiseta de Seúl’88. Una de esas vivencias de mi vida fue mi paso por Sarajevo, hace casi dos años ya. Lo que allí vi fue impresionante. Ocho años después, la guerra aún se respiraba en cada esquina, en cada callejón. La gente hablaba, y mucho, y adoraba a los Estados Unidos, y nos tachaba de cobardes a los Europeos y a esta Unión un poco forzada que nos estamos montando. “Los americanos se metieron, nos ayudaron, vosotros no, no decidíais, nos os poníais de acuerdo, y mientras moríamos”, decían, y lo peor es que tenían razón. Vale, ellos se metieron por cuestiones económicas, por dar salida a sus armas obsoletas, por jugar a la Guerra de las Galaxias, pero a Europa no la pudo ni la vergüenza. Ahora el paisaje de Sarajevo es el de una ciudad normal, siempre si obviamos los agujeros en las casas, los impactos de las defensas antiaéreas (que se terminaban usando para todo), los cráteres, las miradas de tu-mataste-a-mi-hermano-y-algún-día-te-arrepentirás. También hay alguna otra diferencia con el resto de ciudades. Se encuentra encerrada en un valle, rodeada de laderas, de zonas verdes que antes eran campo o parques y que ahora son cementerios, llenos de veinte mil cruces o de cilindros que dicen que debajo hay un cristiano o un árabe enterrado, si, de aquellos miles que murieron en cuatro años de sitio serbio, a la vista del mundo, como un reality show más. Cuando estaban vivos se mataban entre ellos, pero muerto da igual que seas cristiano, moro, hutu o tutsi. Y el día que algunos se den cuenta de ello, ese día algo cambiará en el mundo.

Paranoid esta en Valladolid, aunque sólo en cuerpo, en alma…
Paranoid ha vuelto a comer buena comida casera, de esa de dos platos, postre, café y, si me apuráis, siesta para digerirla.
Paranoid escucha Bliss, de Muse, y la disfruta, vaya que si la disfruta.

12 de Febrero de 2005

Apetencias

Posted by Paranoid en Uncategorized | 22:50

Me apetece irme de cañas ahora mismo. Me apetece Lalau. Me apetece Radiohead. Me apetece Barcelona. Me apetece salir del trabajo y que todavía sea de día. Me apetece un buen cous-cous de pollo… y no me apetece escribir más.

Paranoid va a cumplir ahora mismo alguna de sus apetencias.

11 de Febrero de 2005

Una raza aparte

Posted by Paranoid en Uncategorized | 22:19

Empiezo a pensar que para ser conductor de autobuses hay que pasar un test psicológico y sacar la peor puntuación posible. Ahí van unas cuantas situaciones antológicas entre Zaragoza y Madrid:
Al empezar el viaje: “Ya lo sabéis, que no somos nuevos, no se puede fumar en el buuuuus. Y tampoco os metáis en el servicio a encender el cigarrillo, que fumar a escondidas está feo, ¿eh?”
Primera parada, tras ver un termómetro: “Coño, un gradito, joder gente (refiriéndose a nosotros), aquí hace un frío que pela”.
En medio de la nada:
Conductor: ¿De quien es esto? (discman, periódico, libro y cds sobre su chaqueta)
Yo: Mío.
Conductor: Oye, ten cuidado, que luego se cuela así, sin querer, en mi bolsillo y me lo llevo.
Yo: No se preocupe, el discman lleva muchos años conmigo y lo tengo bien enseñado. Además, es un líder nato, los discos le siguen.
Tras otra parada: “A ver, esos dos, cuando vayáis en vuestro coche haced lo que os de la gana pero como vais conmigo ale, subid deprisa que nos vamos. Si alguien tenía compañero y ahora no, que se calle, que así pesamos menos y llegamos antes. Joder, si aún faltan tres personas. Que paciencia…”
A punto de llegar y para todo el autobús, el tío nos pone una canción. Estribillo:
“Mecagüen el chiringuito, mecagüen el bungalow, mecagüen la gamba a la plancha y mecagüen tó”, todo esto a ritmo de merengue.
Final: “Ale, todos abajo que hemos llegado. Rápido, rápido, rápidooooooooo”.

Paranoid sería un buen conductor de autobuses.
Paranoid reproduce en su cabeza 2+2=5, de Radiohead
Paranoid quiere dejar de trabajar por hoy.

9 de Febrero de 2005

Te echaré de menos

Posted by Paranoid en Uncategorized | 21:32

Te echaré tanto de menos
que aunque busque una palabra
no habrá nada que me cure de verdad”

No puedo asegurar que sea inigualable, que no haya nadie como ella, aún la conozco poco, pero está claro que se encuentra entre las mejores. Nunca olvidaré su manera de acogerme después de tantos años sin vernos. Ahí estaba cuando llegué, donde siempre, somnolienta y fría, con sus preciosos ojos a medio abrir y todavía desperezándose entre bostezo y bostezo. A las pocas horas ya habíamos recuperado nuestra antigua confianza, aquella que se fraguó hace siete años en un par de días, como esas amistades instantáneas que de tiempo en tiempo nos alegran el alma. Tras los primeros acercamientos, esos en los que siempre te sientes como un adolescente inexperto, ella me dejó recorrerla por completo, sin censuras. Me ofreció desde sus pliegues más angostos hasta sus partes más expuestas. Toqué sus curvas y sus arrugas pero también acaricié su piel más tersa y cuidada, sus recuerdos de una juventud que nunca llegará a abandonar. Nuestra complicidad llegó a tal punto que, en poco tiempo, me introduje en su interior y exploré sus entrañas mientras me miraba con cierto deje de ansiedad.
Ahora la echo de menos. Se que fui yo quien la abandoné, pero es que no era el momento, aún no, de cambiar de vida. Aunque preveo que pronto lo será. Entonces volveré, llamaré a su puerta y me estará esperando tal y como la dejé, tendida, húmeda, con un cuerpo marchitado por los años pero una mente de veinteañera, con ganas de crecer y de mostrarse al mundo. Hasta ese momento, muchos darán con ella y la disfrutarán tanto o más que yo, pero no me importa. Se que su futuro o, al menos una parte de él, me pertenece. El futuro se compone de las ilusiones y esperanzas de cada uno y ahora mismo ella tiene un buen paquete de acciones del mío.

Paranoid escucha Te echaré de menos, de Los Piratas.
Paranoid se ha sentido nostálgico esta tarde en la que siempre será su ciudad.
Paranoid se siente inquieto.

9 de Febrero de 2005

No vale copiar del compañero

Posted by Paranoid en Uncategorized | 0:29

Hoy tenéis un examen. Tranquilos, es tipo test, facilito. Allá va:

Comentario A: “Si, ya sabes, de las que van con camisetas y zapatillas”
Comentario B: “A mi ahora si me gustan. Así, con gafas de pasta y faldita vaquera…”
Comentario C: “Ya vas otra vez como un guarro, como un gualtrapas. Seguro que te tiras la noche fumando maría y escuchando ese ruido que llamáis música.

Pregunta: ¿Cuál de los tres supuestos se adapta a la descripción de una persona “alternativa”?

Nota: Se aceptan sugerencias para crear más supuestos. Los comentarios se han extraído de una encuesta con un universo de tres o cuatro personas, el número exacto resulta imposible de cuantificar.

Paranoid escucha ruido y está vestido como un guarro.
Abuelo posiblemente escuchará pop español e irá vestido como un progre.

8 de Febrero de 2005

Una bona tarda

Posted by Paranoid en Uncategorized | 15:35

Ultrasónica nos mira desde el otro lado del cristal y nosotros la miramos a ella. Dos cm. de vidrio y otros tantos metros (que en ocho horas serán 541.000) de aire y pesar nos separan. Cogemos el metro y tras quince minutos de velocidad e ingeniería nos plantamos en casa, en una de esas casas que siempre parecerán prestadas. Dos sentimientos nos dominan, sisha y partido, y uno nos obsesiona, su marcha. En cuarto de hora y entre gol y gol, grandes bocanadas convierten el vacío salón en una fábrica de calima con aroma a pétalo de rosas y cerezas. El televisor hace las funciones de sol que, a duras penas, logra atravesarla. “Chemita para ponernos a nueve”, me grita Abuelo mientras yo, en nuestro laboratorio particular, busco entre cajas y pastillas de carbón la fórmula de la felicidad inmediata. Una hora más tarde no hay niebla en el horizonte, aunque si en nuestras mentes. El barrio de Gracia nos abraza, su lluvia nos despierta y una pseudo-peña del Barcelona nos acoge. Abuelo se siente como en casa. Yo, más extraño que un serbio en el sitio de Sarajevo. Dos mejicanos se creen camino del cielo, un trayecto truncado por las inoportunas travesuras de un niño. Un señor disfrazado de avispa decreta el final de la tarde, la última en la ciudad mitad realidad, mitad sueño de Gaudí. Volvemos a casa. Los problemas cotidianos y la cena barata nos sacuden nada más abrir la puerta. Nos da lo mismo. Nada puede estropear el día. España es campeona del mundo en otro deporte, uno más. El barça pierde en casa un año después. El atleti vuelve a triunfar fuera. Abuelo cumple uno de sus sueños recientes. Yo me empiezo a dar cuenta de que puedo alcanzar uno de los míos. Será día de aniversarios en el futuro. Ultrasónica se ha vuelto a alejar pero, como todas nuestras despedidas, sólo se trata de un hasta luego con apenas unos meses de esperanza de vida.
Yo mientras escribo persigo un horizonte dominado por la luz naranja, repleto de nubes vírgenes y estériles y con la silueta de Zaragoza llamándome con desgana.

Paranoid escucha Here comes your man, de manos de Sexy Sadie.
Paranoid quiere hacer el camino a la inversa.
Paranoid quiere conocer a las cuatro chicas que viajan detrás.

3 de Febrero de 2005

Conclusión sesuda

Posted by Paranoid en Uncategorized | 22:13

Esta mañana, cuando volvía desde la Plaza de España hasta el trabajo, me he topado con una situación curiosa. Durante el trayecto, en poco menos de 200 metros, tres termómetros marcaban tres temperaturas diferentes, cero, cinco y tres grados. Yo siempre me he tenido por un tío práctico y con capacidad para ver las cosas claras (y, siendo modesto, me confundo poco), así que me he puesto a pensar sobre el tema y, sin terminar el estudio empírico que la situación se merece, he llegado a una conclusión: En Salamanca, cada 66,6 (periódica pura) metros tenemos un microclima diferente. Ale, si queréis apoyar mi teoría, ya sabéis.

Paranoid piensa en Yo me bajo en Atocha, de Sabina (me lo han pegado).
Paranoid tiene mucha hambre.
Paranoid este fin de semana abrazará a tanta gente…