5 de Febrero de 2010

El Ciclo de la Vida

Posted by Paranoid en Miscelánea | 8:12

Nada resume mejor el ciclo de la vida que el último tramo del camino hacia mi trabajo.

Salgo del Metro, cruzo la plaza y avanzo. A mi izquierda, un descampado en el que no vivirían ni los perritos de las praderas (nombre menos pijo, Cynomys). A mi derecha, un colegio de educación primaria. Y un polideportivo. Y otro colegio. Y unos cuantos camiones de reparto que se dirigen a la zona empresarial. Y para terminar la manzana, un práctico cementerio. Ah, y enfrente, justo después del precioso barrizal (en el que por cierto, hoy he aparcado y casi me comen los gusanos de Bitelchús), una comisaría semiclandestina disimulada en la sede de protección civil.

Edúcate, edúcate, diviértete (más bien, olvídate de tus miserias) y trabaja lo que te dejen, que vas a acabar en la tumba lo quieras o no.

Y vigilado, no sea que te quieras salir del camino.

Paranoid no es tan desesperadamente pesimista como pueda parecer
Paranoid escucha Amusement Parks in Fire

25 de Enero de 2010

El Hombre Negativo

Posted by Paranoid en Tipología Humana | 21:24

Si se hace un análisis de la concurrencia de partículas elementales (pero no las más elementales) en su cuerpo, domina con apabullante claridad la colonia de electrones.

Tiene dos respuestas válidas para cualquier pregunta: “No” y “No… (con explicación pesimista incluida)”, aunque a vece juega a las rotaciones e incluye suplentes como “buuffff”, “imposible”, “ja (con un fuerte componente irónico)” o simples ademanes que todos os imagináis.

Su lúgubre personalidad exhibe numerosas cualidades, todas ellas oscuras, como no podía ser de otra manera. A saber: tiene la capacidad de nutrirse de las trazas de pesimismo que encuentra en los demás o perdidas por el cosmos para alimentar su aura sombría, puede lanzar esa misma aura contra sus compañeros, amigos, familiares o incluso viandantes con la efectividad del lazo de un vaquero, domina el exasperante arte del refunfuño de baja frecuencia, diseña y ejecuta campañas de destrucción a corto y medio plazo de buen rollo y felicidad.

En una entrevista de trabajo con el demonio ganaría con facilidad al resto de aspirantes. Y deprimiría a su interlocutor.

Una característica esencial, sin la cual el mundo no sería el mundo, es que se requieren de grandes cualidades innatas y una profunda preparación durante años para formarse. Estas personas son como la Gouffre de Padirac, hay pocas pero brillantes (cada una en su categoría). Por eso de momento no dominan el planeta. De hacerlo, el resultado se parecería a La Carretera, de Cormac McCarthy.

Antídotos hay pocos. Lo mejor es prevenir (frase gastada donde las haya). Una vez invadido por su campo de fuerza, la sólo la fuerte resistencia, junto al asociacionismo y la búsqueda de riadas de positivismo concentradas, puede salvar al sujeto sano. O eso o ponerse los auriculares y escuchar música a gran volumen cuanto comienza con sus conversaciones rituales.

Ante todo, intentad no cruzaros con ellos.

Paranoid escucha Canciones hacia el fin de una especie, de PAL

20 de Enero de 2010

Madrileños por el mundo y demás

Posted by Paranoid en Miscelánea | 11:12

Deberían regular la emisión de programas como Madrileños por el Mundo y el resto de copias que han proliferado como setas en otoño (incluidas versiones como Castellano-manchegos por el Mundo o Murcianos por el Mundo, maravillosa originalidad). En mi casa, su emisión provoca envidias, babeos, nerviosismo, replanteamientos temporales de nuestros particulares “hacia dónde vamos” y un cierto malestar con nuestra propia vida. Y esto, en todas las escalas.

Todas. Los comentarios son continuos. Lisboa (arrrrgggg), Kuala Lumpur (arrrrgggg), Nueva Zelanda (arrrrgggg), trabaja como no se qué en la selva (arrrrgggg), mira qué casa (arrrrgggg), por dios qué comida (arrrrgggg), cualquier cosa (arrrrgggg), ese tío tiene una foto dedicada de Aznar (¡Buff!). Hasta aquí, un pequeño resumen por mi parte. Si nos centramos en las reacciones de la televisiva Lalau, a las anteriormente manifestadas hemos de unir una general, reiterada cada vez que vemos una de las copias en cualquier canal: joder, si pudiera hacer un programa así (arrrrgggg) (arrrrgggg) (arrrrgggg). Y así.

Lo más fácil sería, dirán muchos, no verlos. Correcto. Está claro y lo sabemos, pero los muy cabrones majetes crean adicción, vaya, como tiene que ser. Logran su objetivo y enganchan. En parte porque a veces, pongas la cadena que pongas, te los vas a encontrar sin remedio. Para qué luchar. Seguiremos sufriendo, más aún si luego los aderezan con especiales Quién vive ahí, también disparados desde diferentes frentes.

Ya, queda la opción de desintoxicarte y regocijarse con los programas semanales de Callejeros – Comando Actualidad y sus historias de parados, drogadictos, chabolistas y chabolista-heroinómanos-sin empleo. Pero mira por donde, estos no enganchan, al menos a mi.

Se ve que no he nacido para sufrir.

Paranoid escucha The Passenger, de Iggy Pop

8 de Enero de 2010

Una luz naranja (sábado noche)

Posted by Paranoid en Cosas serias | 14:24

Despido a Ultrasónica. Son casi las cinco de la mañana. Giro y avanzo acurrucado en mi chaqueta en dirección a mi casa. Me encuentro de frente con el Hospital Clínico y una luz me llama la atención. Tampoco es exactamente una luz, se trata de una súbita claridad, un cambio de tono en la superficie homogénea del gran edificio: rojo y totalmente a oscuras.

Hay una habitación semiluminada en una de las plantas finales (11 ó 12), justo debajo de la vidriera de la capilla. El color que se adivina, naranja, induce a pensar en la debilidad de la fuente lumínica más que en la tonalidad de la pintura (naranja en un hospital suena raro). Una sombra se recorta en la ventana. Parece que mira de frente. Parece una persona grande. Todo es apariencia, la distancia juega su papel.

La imaginación también. ¿Quién observa por el cristal la fría y vacía noche vallisoletana? Puede ser un empleado, un enfermero o limpiador nocturno (parece un hombre) que disfruta de una pausa en su labor rodeada a partes desiguales de dolor y esperanza. El olor, la quietud, el aspecto del edificio le han aturdido, la escapatoria se encuentra muy cerca. A cero grados.

También, por qué no, es posible que el testigo nocturno sea un huésped temporal (o no, o definitivo). Un enfermo que se ha escapado de las ásperas sábanas, ha activado una pequeña lámpara y anhela el exterior, la libertad de vivir una vida normal, sin ningún tipo de ataduras más allá de las que ya nos sujetan a todos. Lo siento. Si pienso en un trabajador, lo veo como tal. Si pienso en un enfermo, la imagen se torna hacia la silueta de un fantasma, algo o alguien que anuncia, demasiado tarde, una inquietante irreversibilidad.

Antes de cruzar por completo el aparcamiento me asalta otra idea. ¿Y si lo que observo, el que observa, acompaña a un enfermo? Tampoco es una posibilidad descabellada. Las cinco de la mañana. Insomnio provocado por la tensión del lugar y el estado de su familiar o amigo. Un padre con su hijo ingresado, un hijo cuyo padre, muy mayor, se desvanece hacia lo desconocido, una madre que vela el sueño de uno de los suyos (no está grave, pero la asepsia de la atmósfera propaga la preocupación sin barreras). Alguien cuya presencia en el hospital es tan indirecta como obligada.

La Casa del Estudiante casi me tapa la escena. Centímetros antes de que ocurra, la luz desaparece. El edificio se mimetiza con disimulo en la oscuridad reinante. Aquí no pasa nada.

Paranoid escucha Razorlight

30 de Diciembre de 2009

Virus

Posted by Paranoid en Miscelánea | 17:57

Tres días, tres, con los virus campando a sus anchas por mi cuerpo. Tres días y medio, si cuento el maravilloso viaje de vuelta del domingo. Lunes y martes en casa. Sin Lau (trabajaba), sin Maya (de vacaciones). Miércoles, hoy, en el curro, destilando miseria, mal humor y desgana.

¿Qué hago aquí? No sé. Supongo que ayer me convencí de ello. En parte porque me encontraba algo mejor (no por la noche, desde luego), en parte porque otro día así, doblado en el sofá, doblado en la cama, doblado en la alfombra, podía resultar lacerante.

Horas y horas perdidas con el único deseo de la desconexión, la oscuridad absoluta, la postura perfecta para dejar de sentir ese latido insidioso que presionaba mi cabeza. En casi un abrir y cerrar de ojos, horas y horas de bienestar, de dudas acerca de lo que hacía allí y frases rotundas: “De hoy no pasa (pero pasó)”. Siempre a merced de unos virus bipolares que dominan la táctica militar como nadie.

Paranoid se encuentra en uno de esos momentos de calma

23 de Diciembre de 2009

Sueños: la manager de Muse

Posted by Paranoid en Miscelánea | 8:01

Hacía tiempo que no tenía un sueño digno de mención. De hecho, hacía tiempo que no recordaba qué había soñado, lo que prueba que mi cerebro, incluso dormido, aplica aquello de la memoria selectiva, sólo se queda lo importante.

Toda la escena transcurre en la sede de la empresa para la que trabajo. Justo antes de los tornos de entradas (sin maldad ¿eh?, sólo están para gestionar emergencias, nos cuentan…), me encuentro con una señora. Una señora sí, 60 años, baja, rellena (lo justo) chaqueta de vieja y paraguas. Desde el principio, este personaje, que parece más una vendedora de Círculo de Lectores que otra cosa, exhibe su animadversión hacia mi. El problema es que hacía días había publicado una crítica sobre Muse, de la que era manager, en la que me metía con Matthew Bellamy. Supongo que se refería a esta entrada. Según esta persona, yo aludía al michelín que se le formaba al cantante con la correa de la guitarra. Y lo peor es que yo reconocía que había comentado el hecho y contestaba a la manager: “mire señora, si Matthew se ha abandonado y tiene tripa, no es mi problema. Yo sólo lo incluyo como un hecho cierto, nada más”. Dicho esto, la representante se iba no sin antes darme un par de besos de abuela.

No me vendrían mal unas vacaciones.

Paranoid no puede dejar de escuchar So Cow

13 de Diciembre de 2009

Kader

Posted by Paranoid en Miscelánea | 18:05

Me acaba de llamar Kader. ¿Quién es Kader? Un amigo, una persona que conocí en Ceuta hace ya cinco años y medio y con el que no hablo (hablaba) desde que volví de allí. Si, casi el mismo intervalo, cinco años más o menos.

Para ser la primera vez que me iba de casa, la aventura ceutí no fue tan negativa (ni tampoco tan positiva). El hecho de encontrarme por allí con Donmazinger, Hamido, Kader y muchos como ellos lógicamente ayudó. Es más, fue crucial. Fueron sólo seis meses con la vuelta programada de forma precisa en mi subconsciente. “Tú nunca viniste”, me solía decir el fotógrafo del periódico, ese mismo que me describía como gitano afrancesado con su indestructible acierto árabe. Buen tipo. Extraño y buen tipo.

Lo que viví allí se puede definir como un semestre de altibajos extremos: de la gloria a la desesperación, de disfrutar de la vida a insultarla con desprecio, el término medio en el borde norte africano parecía no existir. Durante ese lapso sentimos la presión y la injusticia laboral, pero también la libertad y los significados de la palabra amistad que hasta entonces no habíamos experimentado. Al menos yo. Y era normal, digamos que jamás se habían dado las circunstancias necesarias para ello. Ocurrió tanto en tan poco tiempo que no se me ocurre una manera justa de plasmarlo aquí. Pero ocurrió, y de alguna manera sigue dentro de mi. Ah, y descubrí Marruecos (y de qué manera). Esto último tampoco me ha abandonado.

Decía que hace un rato he hablado con Kader. Cada vez que entablo contacto con alguien de aquella época-lugar (coordenada espacio-tiempo), los recuerdos fluyen automáticamente. Su llamada me ha hecho rememorar, claro. Las conversaciones sobre aquellos días con Donmazinger o con Luis, también. En general, la mente se apiada de nosotros y nos desempolva los recuerdos más agradables. Las escapadas a Marruecos, las salidas nocturnas, los cafés en La Alhambra, la visita de Ultrasónica y el Abuelo Cascarrabias o cualquier quedada poco o nada programada nos permitían resistir en aquella ciudad, tan interesante para el que llega como exasperante para el que la quiere abandonar.

También afloran los momentos complicados, pero estos después. Las eternidades en aquel maldito agujero que alguien bautizó como redacción, el mafioso esclavista, los viajes a la Península, a casa, casi medidos en jornadas como el Oeste americano. Son sólo algunos. Inevitablemente, siempre que estas sombras aparecen lo hace también la frase de la esperanza o el autoengaño. “Si nos pilla ahora”, “si llegamos a Ceuta con lo que ya hemos vivido”, “si volvemos con la madurez y la experiencia que ahora tenemos”. Pues no sé. Seguramente nuestro trabajo sería mejor, nuestra vida también, nuestra estancia más provechosa y más duradera, me atrevo a asegurar. Pero son todo elucubraciones. He podido comprobarlo en varias ocasiones (algunas más que verosímiles) pero todas se quedaron, como mucho, en un casi. Por algo será.

En días como hoy, en estos instantes en los que el pasado cobra vida (gracias Kader), un magnetismo irresistible me arrastra, me exige volver y revivir, durante unos días y desde un prisma muy diferente, lo que allí sucedió. Así me paso días y días planeando con el convencimiento de que lo conseguiré. Cruzo los dedos.

Paranoid exime a cualquiera de leer este rollo
Paranoid escucha Queens of the Stone Age

3 de Diciembre de 2009

Monstruo

Posted by Paranoid en Más allá de mi ventana | 9:15

Escuchar la noticia, saber que el chico acusado de abusar de su hija y matarla era inocente me produjo cierta zozobra. Literalmente, además, iba conduciendo y durante un segundo desvié toda mi atención hacia la radio.

No voy a poner nombres ni fotografías ni nada. Nada. Porque de todo lo que ha ocurrido, por más flagrante, esto es lo que más grave me parece. O no, mejor, lo que más me fastidia: el hecho de que después de descubierta la verdad, varios medios hayan mostrado de nuevo las fotos del joven y también repetido su nombre. Y me da lo mismo que el contenido de la información sea exculpatorio, y me da igual que alguien entone el mea culpa (que de hecho, no lo he visto en ningún sitio). El daño está hecho, sí, pero insistir en la identificación, aunque sea junto a la palabra inocente, no hará otra cosa que agravarlo.

Sobre cómo o por qué ha pasado, no soy nadie escribir verdades absolutas, pero algunas cosas me suenan. Me suena el error médico y su gravedad, sí, pero me suena más el periodista ávido de exclusivas. Me suena también aquello de cuanto más carnaza mejor y mucho más la historia del clásico diario/tv que presiona al típico redactor (en general, con un futuro bastante precario) hasta la saciedad. Y entre unas cosas y otras, entre la competitividad propia y la que te imponen, entre romper en portada y darle con ella en las narices al periódico de al lado, entre el médico o funcionario que filtra y la grabadora que registra, entre todos se han cargado el futuro de alguien al que todos dimos por culpable. Por monstruo.

Y me doy vergüenza por ello, tanto como los medios en los que un día trabajé o la sociedad en la que vivo. Espero que la próxima vez que me encuentre ante una noticia de este tipo, al menos me permita a mi mismo dudar.

Ah, y una observación más, la última. Qué sospechoso me parece que la Policía no advierta a un acusado presunto asesino-pederasta de que se tape la cara al salir del juzgado. Qué sospechoso.

Paranoid se ha aficionado a los artículos de Isaac Rosa (a quién próximamente tendremos en Mandarina Magazine) en Público

26 de Noviembre de 2009

Posted by Paranoid en Sesiones (con Gordon Geco) | 8:27

Hay canciones que anulan los sentidos. Algunas lo hacen en combinación con diversos factores, otras se valen por sí solas. Ayer me ocurrió con The Precipice (Mogwai). La verdad es que con los escoceses me pasa a menudo. Da igual lo que suceda a mi alrededor. En realidad da lo mismo sí existe “alrededor” o no. Durante más de seis minutos, The Precipice lo sustenta todo, respira por mi, mira por mi, avanza por mi, decide por mi, vive por mi. Su progresividad permite presagiar el futuro más inmediato. Su calma inicial anestesia con suavidad cada una de mis neuronas. Con facilidad y disimulo. Todo se ralentiza. Incluso, si lo poco que queda de mi no me engaña, a la muchedumbre que me rodea también. Y se da cuenta. Y no sabe por qué. Yo sí, pero me olvido por momentos. Mejor dicho, me evado por momentos, nadie puede olvidar lo que su mente nunca ha conocido (ver flechas del tiempo psicológica, termodinámica y cosmológica).

El paréntesis dura eso, lo que tarda la canción en administrar sus estupefacientes sonoros. El caparazón presume de dureza y el disfrute, de intensidad. No quiero imaginar la cara que muestro, las preguntas a las que no contesto, los pensamientos que no se originan en ese periodo. No quiero imaginar nada, simplemente repetir con la necesidad del síndrome de abstinencia. Y que esto, que con Mogwai se repite tema tras tema desde hace unos años, nunca muera como una obsesión más. Llamémosle vía de escape. Obviemos el término adicción.

Paranoid escucha cualquier cosa menos Mogwai

20 de Noviembre de 2009

Ya falta menos

Posted by Paranoid en Sesiones (con Gordon Geco) | 8:07

Conversaciones intrascendentes. Holden Caulfield sería mi único apoyo. Horas y horas en las que el único objetivo es encontrar un objetivo. Y la evasión ya no es suficiente. Houdini no podría escapar de esta jaula, no antes de las seis. Algo no funciona, ¿será cuestión de aminoácidos? Es mejor que no. Es mejor aferrarse a alguna causa externa. ¿Estrés? ¿Falta de sol? ¿Más zumo de naranja? Desinterés (¡boum!). Nada fluye, sólo una lucha que dura ya demasiado. Una pugna sin final: la victoria no se atisba, la derrota menos aún. El infinito amenaza con hacerse realidad tras estos cristales. Nada se entiende, nada se justifica. Los actos difuminan las palabras que ya no vuelan con el viento, no les da tiempo.

En algún momento la noria se pone en marcha de nuevo. Ayer, el último ejemplo. Una guarida, un paseo y ella (orden inverso). Una hora en lo más cercano al líquido amniótico. Flotamos, corremos, jugamos, reímos, respiramos. Somos invencibles y todo el mundo nos mira. Somos imparables y todo el mundo nos envidia. Si lo pienso, tampoco es tan difícil. Ya falta menos…

Paranoid escucha Sigur Ros

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